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Los sonidos de nuestros mayores. Acompañamiento a este aislamiento y soledad en la Pandemia. 

Francisca, o Paquita como a ella le gusta que la llamen, vecina de Móstoles, 81 años, anhela las llamadas diarias de sus “Grandes Amigos”, su voz se transforma “oscilando” entre las emociones de sorpresa, cariño y agradecimiento. Viuda desde hace años, las llamadas telefónicas forman parte de su acompañamiento desde hace tiempo, pero en estos momentos de incertidumbre, son algo más, cada palabra que escucha le proporciona un atisbo de confianza y sobre todo un apoyo emocional incondicional con el cual dar sentido a su vida.

Alejandro, 84 años, ya sufría de ansiedad antes de la pandemia por Covid -19. Actualmente las crisis se han hecho más recurrentes y más intensas. Las llamadas diarias le reconfortan, igual que a Paquita, saber que no está solo le proporcionan una mayor seguridad ante ese sentimiento entre la indefensión y la aceptación, que se refleja en su tono de su voz diariamente.

El poder expresar las emociones, angustia y preocupaciones, y ser escuchados, palía la ansiedad y los miedos que las personas mayores.

La vulnerabilidad ante la realidad que nos rodea es inherente a todos, pero a estas personas, a estos vecinos, les une además el miedo al contagio de la enfermedad, la soledad que les asola y como a todos la imposibilidad de no poder controlar dicha situación, con la fragilidad que ello conlleva. Sin duda, el principal objetivo es lograr el bienestar psicológico de nuestros mayores, canalizando sus emociones mediante la palabra. Sus risas, sus llantos forman parte de ese eco en la distancia y los lazos de vinculación social y red de apoyo deben avivarse en cada llamada y atención plena a sus necesidades.

No debemos olvidar que “todos los seres humanos nacemos libres e iguales en dignidad y derecho”, de acuerdo al artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos del 10 de Diciembre de 1948. Crisis como la actual no pueden, ni deben, atentar contra los derechos humanos de las personas y los principios fundamentales de la bioética. El coronavirus, que está sacando la discriminación en las personas mayores por razón de la edad, no puede sumar más sufrimiento como el causado por el abandono y el modelo de atención centrado en la persona (MACP) basado en esos derechos de libertad y dignidad y que todos enarbolamos como un valor y condición esencial de nuestra sociedad, lo percibimos débil y “vulnerado” en estos momentos, mayormente en residencias y en nuestros mayores que viven solos.

De ahí la grandeza en ese esfuerzo y la labor desempeñada por profesionales y voluntarios, bajo organizaciones como la Asociación “Grandes Amigos”, en defensa de esos derechos y de que ningún mayor se sienta solo. El lema de la Asociación “Grandes Amigos” es “Mayores sin Soledad” y trabajando directamente con las personas mayores, desde la serenidad y el rigor marcado por la autoridades, asimismo preserva su salud física y psicológica, sintiéndose acompañadas en una situación que limita sus ya de por sí mermadas relaciones sociales.

Lo que realmente ha cambiado es el foco de la atención y acompañamiento, sustituyendo el acompañamiento afectivo que se hace a domicilio por acompañamiento telefónico o postal, convirtiéndose los móviles en los grandes aliados en esa ausencia de proximidad física que acaba siendo emocional y ayudando a aligerar esa “carga” de ansiedad o soledad en cada llamada que se produce.

Otras iniciativas en la misma línea, es la desarrollada desde el Área de Cooperación al Desarrollo y Voluntariado de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche y Cruz Roja, poniendo en marcha un programa de voluntariado para paliar la soledad de las personas mayores durante la cuarentena a través del acompañamiento telefónico. También desde los Ayuntamientos, como el del servicio telefónico «Alaquàs te escucha«, surgido por el mismo motivo en esa localidad valenciana, para ayudar a los mayores que viven solos y en aislamiento social debido a la pandemia, o el proyecto del Ayuntamiento de Madrid, “Minutos en compañía», dentro del programa: “Adopta un abuelo”.

En conclusión, el poder expresar las emociones, angustia y preocupaciones y ser escuchados sabiendo que alguien está pendiente de ellos palía la ansiedad y los miedos que las personas mayores sufren, por ello debemos seguir trabajando aunando esfuerzos en dicho sentido e intentando convertir dicha situación en menos vulnerable. Entre todos ayudaremos a conseguirlo.

 

Un artículo de Mayte Vázquez Resino,Psicóloga General Sanitaria
Vocal de Formación de la Asociación Española de Psicogerontología
e integrante del grupo de Buen Trato a las personas Mayores del COP Madrid
Actualmente voluntaria como psicóloga en apoyo emocional a mayores en la Asociación “Grandes Amigos