Estudio epidemiológico de las fases tempranas de la enfermedad de Parkinson.

Resumen:

En las fases tempranas de la enfermedad de Parkinson se observa mayor incidencia de constipación y temblor (10 años antes del diagnóstico), hipotensión, disfunción eréctil y urinaria, trastornos del equilibrio, mareos, fatiga, depresión y ansiedad (en los 2 y 5 años previos), insomnio y alteraciones de la memoria (2 años antes).

► Introducción

Uno de los rasgos característicos del diagnóstico clínico de la enfermedad de Parkinson (EP) es el conjunto de alteraciones motoras presentado por los pacientes, sintomatología que obedece a la degeneración neuronal en la sustancia nigra y el cuerpo estriado. En esta fase de la afección se produce el 50% de la pérdida neuronal en los centros nerviosos antes mencionados y, en consecuencia, la neuroprotección farmacológica no resulta eficaz.

Al respecto, diversos estudios se centraron en los síntomas que preceden al diagnóstico de la EP, como la depresión, la fatiga, la anosmia y la constipación, que pueden utilizarse como indicadores clínicos de la enfermedad en la atención primaria. De esta forma, la administración de fármacos que promueven la protección neuronal en etapas tempranas de la EP podría contrarrestar la progresión del cuadro clínico mediante la disminución de la incidencia de los síntomas o el enlentecimiento del proceso.

El tratamiento en la primera fase de la afección es fundamental, dado que la EP tiene una incidencia elevada en todo el mundo y está en aumento constante, asociado con el crecimiento poblacional.

El objetivo del presente trabajo fue indagar respecto de la correlación entre la presentación de los síntomas en las etapas tempranas de la EP y el diagnóstico definitivo.

► Métodos

Para analizar los rasgos clínicos que preceden al diagnóstico de la EP se utilizó la base de datos The Health Improvement Network, que contiene información de 11 millones de casos clínicos tratados en la atención primaria del Reino Unido. En esta etapa se determinaron los síntomas, el diagnóstico, los tratamientos farmacológicos y las derivaciones a la atención secundaria. De esta forma, se estableció la fecha índice, es decir, el momento en el cual se realizó la primera prescripción de fármacos antiparkinsonianos o el diagnóstico en la atención secundaria.

La información recabada también incluyó el número de consultas, las evaluaciones clínicas y las indicaciones farmacológicas, como mínimo, durante el año previo a la fecha índice. Además, se evaluó la incidencia anual de los síntomas por cada 1000 individuos/año durante los 10 años previos a la fecha índice.

En este sentido, se consideraron la ansiedad, la depresión, la apatía, el deterioro cognitivo, las alteraciones de la memoria, el trastorno conductual del sueño REM (TCR), el insomnio, la fatiga, los mareos, los trastornos del equilibrio, la hipotensión, la disfunción urinaria y eréctil, la sialorrea, la constipación, la anosmia, la rigidez generalizada o en el cuello y en los hombros (dolor en estas regiones) y el temblor que aparecieron en pacientes mayores de 50 años. No se incluyeron los síntomas con una prevalencia menor del 1%.

No participaron del ensayo los pacientes con demencia establecida antes del diagnóstico de la EP, parkinsonismo secundario o inducido por fármacos, con diagnóstico de EP antes de los 50 años o esquizofrenia.

Las observaciones detectadas en el grupo con EP fueron contrastadas con el grupo control, conformado por sujetos sin EP, de la misma edad y sexo y con características similares en el requerimiento de la atención primaria, en una proporción de 6 individuos controles por cada paciente con EP.

En el análisis estadístico se aplicó el cálculo del risk ratio (RR), con un intervalo de confianza del 95% (IC 95%). Las evaluaciones se realizaron a los 2, 5 y 10 años previos a la fecha índice.

► Resultados

El número de individuos incluidos en las evaluaciones realizadas fue variable; de esta forma, los pacientes con EP fueron 7232, 4769 y 1680 y el grupo control estuvo conformado por 40 541, 25 544 y 8305 sujetos, a los 2, 5 y 10 años previos a la fecha índice, respectivamente.

Con respecto a las alteraciones motoras, el temblor fue el síntoma de mayor incidencia en los intervalos de 2, 5 y 10 años previos al diagnóstico de la EP. Este síntoma estuvo presente en el 41% del grupo con EP y en menos del 1% del grupo control (intervalo de 2 años previos; RR: 32.54; IC 95% 24.94-42.90). En concordancia, los trastornos del equilibrio fueron más frecuentes en los pacientes con EP respecto del grupo control, en los 2 y 5 años previos al diagnóstico de la enfermedad, en tanto que la rigidez general o localizada en los hombros y el dolor en estas regiones tuvieron mayor incidencia en los 2 años previos al diagnóstico. Por el contrario, la frecuencia de rigidez y el dolor en el cuello fueron similares en ambos grupos.

Según los investigadores, es importante destacar que la depresión fue el trastorno psiquiátrico de mayor incidencia en pacientes que recibirían el diagnóstico EP, de manera que, en los 2 años previos, el 10% de este grupo presentó dicho cuadro clínico, en comparación con el 4% del grupo control (RR: 2.15; IC 95%: 1.85-2.49).

Asimismo, la depresión mostró mayor incidencia en los 5 años previos al diagnóstico de EP, pero no en los 10 años anteriores al diagnóstico. Los cuadros de ansiedad y de alteraciones de la memoria fueron más prevalentes en los 2 y 5 (solo casos de ansiedad) años previos al diagnóstico de EP respecto del grupo control.

De los trastornos autonómicos, la constipación mostró mayor incidencia en pacientes con EP, respecto del grupo control, en los 2 (32% y 19%, respectivamente; RR: 2.44; IC 95%: 2.29-2.59), 5 y 10 años previos a la detección de la EP. Asimismo, la disfunción urinaria y eréctil fue más frecuente en los pacientes que presentarían EP, respecto del grupo control, en los 2 y 5 años previos al diagnóstico de la enfermedad. La hipotensión y los mareos tuvieron mayor incidencia en los pacientes con EP respecto del grupo control (hipotensión: 2% y 1% y mareos: 10% y 6%, respectivamente) en los 2 y 5 años previos al diagnóstico.

Los pacientes con EP presentaron con mayor frecuencia insomnio y fatiga, respecto del grupo control, durante los 2 (RR 1.38 [IC 95%: 1.11- 1.70] y 1.79 [IC 95%: 1.55- 2.06], en igual orden) y 5 (solo fatiga) años previos a ser diagnosticados.

Los síntomas como sialorrea, anosmia, apatía, TCR y deterioro cognitivo no se consideraron porque tuvieron una incidencia inferior al 1%.

► Discusión

Los pacientes con EP presentan una sintomatología característica, previa al diagnóstico de la enfermedad. De esta forma, en los 10 años previos a dicho diagnóstico se detectan cuadros de constipación y temblor. En el intervalo de los 5 años anteriores inciden con mayor frecuencia síntomas adicionales, como la hipotensión, la disfunción eréctil y urinaria, los trastornos del equilibrio, los mareos, la fatiga y trastornos psiquiátricos, como la depresión y la ansiedad.

En los 2 años anteriores a la manifestación del cuadro clínico parkinsoniano, la sintomatología antes mencionada aparece en un porcentaje de pacientes igual o superior al 1%; lo mismo sucede con la incidencia de insomnio y las alteraciones de la memoria. Los autores destacan que, si bien en estudios previos se señaló la presencia de ciertos síntomas en fases previas al diagnóstico de la EP, aquí evaluados, el presente trabajo detectó el aumento significativo de síntomas nuevos, como alteraciones de la memoria, hipotensión, mareos y fatiga, respecto de lo observado en personas sin el cuadro parkinsoniano.

De esta manera, la información obtenida representa una comprobación adicional del aumento de la incidencia de diferentes síntomas en la etapa previa al diagnóstico de la EP, que parece ser característica de las fases tempranas de la enfermedad.

La menor incidencia de síntomas en los primeros estadios de la EP, como sialorrea, anosmia, TCR y apatía, pudo deberse al diseño del estudio, que se basó en la recolección de rasgos clínicos informados por el paciente, que puede considerar en menor medida los síntomas que no afectan significativamente la calidad de vida.

►Conclusión

Los pacientes con EP tienen mayor incidencia de alteraciones motoras, del sueño y de la memoria, fatiga y trastornos autonómicos, del equilibrio y psiquiátricos en los estadios tempranos de la enfermedad, respecto de las personas que no presentarán la enfermedad.

Autor: Schrag A, Horsfall L, Petersen I y colaboradores Fuente: http://www.thelancet.com/journals/laneur/article/PIIS1474-4422(14)70287-X/abstract Lancet Neurology 14(1):57-64 2014

♦ SIIC- Sociedad Iberoamericana de Información Científica