Con el envejecimiento se producen ciertos cambios fisiológicos que pueden alterar el funcionamiento del cerebro, precisando más tiempo para aprender o recordar. Aunque, se mantiene la capacidad de generar nuevas neuronas a pesar de la edad y de que muchas personas mayores se quejen de falta de memoria y les genere frustración no poder recordar con facilidad, la mayoría de las veces estos olvidos son benignos y no tienen nada que ver con la demencia o el temido Alzheimer.

Practicar ejercicio de manera regular fomenta el desarrollo de las neuronas y reduce el riesgo de enfermedades perjudiciales para la memoria
La actividad diaria, el estilo de vida y los hábitos saludables son fundamentales en la salud general, y también en el cerebro de manera particular. Por consiguiente, independientemente de la edad, se debe prevenir la pérdida de memoria y mejorar las habilidades cognitivas.

He aquí 7 claves a tener en cuenta:

1. Mantener una alimentación adecuada

Consumir demasiadas calorías y grasas saturadas aumenta el riesgo de perder memoria y/o deterioro cognitivo, por su relación directa con las enfermedades cardiovasculares. Es recomendable, de manera habitual, el consumo de alimentos ricos en antioxidantes para controlar la oxidación de las células cerebrales, destacando de manera especial los alimentos ricos en grasas omega 3 por sus beneficios para la memoria y el cerebro.

2. Practicar ejercicio de manera regular

El ejercicio fomenta el desarrollo de las neuronas y reduce el riesgo de enfermedades perjudiciales para la memoria, como la diabetes, hipertensión o dislipemias en general. Por otra parte, contribuye de manera indirecta a mejorar el estrés, disminuir la ansiedad y mejorar la depresión.
Son especialmente aconsejados los ejercicios específicos para el entrenamiento cerebral: crucigramas, rompecabezas, sudokus, lecturas en general, iniciar cursos motivadores, tocar algún instrumento, juegos de estrategia (cartas, dominó, ajedrez, etc.) y adquirir compromisos que requieran planificación y aprendizaje (labores de punto, huertos, voluntariado social, etc).

3. Fomentar las relaciones sociales

La persona solitaria suele mantener una estructura rígida que la diferencia claramente de la persona con una red social amplia, ya que para poder relacionarse deben acordarse de citas, fechas, detalles de la vida y temas de actualidad en general, que le obligan a ejercitar su mente de manera continuada.

4. Evitar el estrés

El nivel de estrés condiciona alteraciones en el nivel del cortisol, cuya elevación mantenida al final provoca daños cerebrales. Además, este régimen de vida provoca de manera habitual lagunas mentales, déficit de atención y concentración y por tanto alteraciones en el aprendizaje que se detectan en cualquier edad.

5. Conseguir un descanso adecuado

La falta de sueño reduce la actividad plástica del cerebro en el hipocampo y altera la concentración, la memoria, el ánimo, etc. Por ello se recomienda un buen descanso para consolidar la memoria, almacenar los recuerdos y posteriormente poder evocarlos.

6. Evitar el consumo de tóxicos

El consumo de sustancias nocivas para la salud actúa de manera particular en el cerebro, disminuyendo en general el aporte adecuado de oxígeno como ocurre con el tabaco, destruyendo neuronas como el alcohol o las drogas de diseño, o incluso disminuyendo la respuesta y los reflejos como ocurre con el consumo de determinados fármacos como ansiolíticos, barbitúricos, hipnóticos, etc.

7. Acudir a un especialista

La pérdida importante de la memoria propia del proceso normal de envejecimiento, sobre todo en la memoria a largo plazo, se puede evitar. Por tanto, debemos distinguir esa pérdida anormal acudiendo a un médico geriatra, neurólogo o internista, con objeto de poder hacer un adecuado diagnóstico diferencial con pruebas de imagen, análisis adecuados y las distintas escalas de valoración.

Un artículo de los especialistas del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa