Hasta ahora se sabe que la amiloidosis (acumulación de péptidos β-amiloides en el cerebro) juega un papel importante en la aparición de la enfermedad de Alzheimer, mientras que las placas inflamatorias en la microglía parecen estar relacionadas con el deterioro cognitivo. La modificación de cualquiera de estas dos circunstancias podría ayudarnos a prevenir la enfermedad o enlentecer su progresión.

Un reciente estudio, llevado a cabo en ratones por la universidad de Chicago y publicado en Scientific Reports, ha demostrado que la microbiota intestinal puede también influir en la función cerebral regulando la actividad inmunológica, y que ésta se modifica utilizando antibióticos de amplio espectro a altas dosis durante largos períodos de tiempo.

La composición de la microbiota intestinal juega un papel fundamental en la modulación de la neuroinflamación
No es nuevo afirmar que las bacterias intestinales jueguen un papel importante en la regulación de la inmunidad. Durante la última década se ha investigado bastante sobre esta regulación; de hecho, en un estudio anterior se observó que la microglía aislada de los ratones que no tenían microorganismos mostraba alteraciones significativas en los perfiles de expresión de genes inflamatorios.

La composición de la microbiota intestinal juega un papel fundamental en la modulación de la neuroinflamación, lo que a su vez influencia el depósito de β-amiloide. La disbiosis persistente de la microbiota intestinal regula los mecanismos de inmunidad innata del huésped que impactan en la amiloidosis.

Aunque en el estudio no se vio un impacto en número total de bacterias, sí que se disminuyó la diversidad, creando ratones con poblaciones de bacterias alteradas. Los ratones tratados con antibióticos de amplio espectro mostraban un depósito menor de β-amiloide y niveles aumentados del péptido soluble. A raíz de estos resultados, los investigadores sugieren que la inmunidad innata se regula por la composición de la microbiota intestinal.

Finalmente, los investigadores concluyen que la composición de la microbiota influye en la regulación de la neuroinflamación, de manera que puede influenciar el depósito de la placa amiloide en ratones. En el estudio se observó una reducción de los depósitos, y de la gliosis. Sin embargo, también advierten de que el estudio solo describe resultados, y no se conoce por qué mecanismos se producen. No se sabe si fue por la pérdida de factores proinflamatorios derivados de los microorganismos o por los factores que previenen la enfermedad derivados de una nueva población estable de microbiota intestinal.

Los hallazgos de este estudio podrían suponer una oportunidad para cambiar el curso natural de la enfermedad, con el desarrollo de intervenciones personalizadas sobre los microbiomas, para personas con riesgo o en las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer.

Desgraciadamente, aunque esta investigación abre nuevas vías para entender el papel de la microbiota intestinal en la enfermedad de Alzheimer, es solo un primer paso, y no podemos afirmar que el tratamiento a largo plazo con antibióticos pudiera ser el tratamiento de la enfermedad.

 

Un artículo de Ana Molinero Crespo, Farmacéutica Comunitaria y miembro del Comité científico en KnowAlzheimer