La persona mayor, en muchos casos, está diagnosticada de varias enfermedades crónicas. Esto hace que sea atendido por múltiples especialidades médicas y que se le prescriban fármacos dirigidos al tratamiento específico de cada patología.

El abordaje por enfermedades puede llevar a la polifarmacia. Ésta se define como el uso concomitante de más de cinco fármacos, específicamente prescritos para el tratamiento de una de las enfermedades crónicas coexistentes.

Desde la Geriatría se apuesta, en base a la evidencia científica, por el abordaje global de la persona mayor, teniendo en cuenta su situación clínica, funcional, cognitiva y social. Esto permite adecuar el tratamiento a las necesidades de la persona, detectando posibles interacciones farmacológicas. Diagnósticos médicos tales como enfermedad renal crónica, desnutrición o deshidratación, pueden influir en la aparición de reacciones adversas a los medicamentos administrados.

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Una Valoración Geriátrica Integral puede minimizar los efectos secundarios de los fármacos y mejorar su calidad de vida del mayor
De esta forma de proceder surgen los conceptos de “prescripción inadecuada” y “prescripción subóptima”, que se relacionan con el uso de fármacos inadecuados en personas mayores y la no prescripción de otros indicados, respectivamente.

Para su detección se aplican los criterios médicos STOPP/START, recientemente actualizados. Estos criterios tienen en cuenta la evidencia clínica (ensayos clínicos aleatorizados de eficacia) para la justificación del uso del fármaco, su adecuado uso en términos de temporalidad y la no existencia de duplicidad de grupo farmacológico, como criterios de suspensión de fármacos.

Además, existen recomendaciones específicas para cada sistema (nervioso, respiratorio, digestivo, circulatorio…) y para eventuales síndromes geriátricos existentes (dolor, caídas de repetición, etcétera). Todo ello asegura el logro de una prescripción óptima tanto a través de la suspensión de tratamientos no indicados, como en relación al inicio de un tratamiento con un fármaco no contemplado hasta entonces.

Prescripciones inadecuadas

Entre los criterios de finalización de prescripciones más habituales se encuentra el uso de benzodiacepinas de vida media intermedia-larga como hipnótico, sobre todo en aquellas personas con un incremento de riesgo de caídas. En cuanto al uso de benzodiacepinas, también es frecuente la duplicidad de fármacos del mismo grupo, como por ejemplo el uso de lorazepam y lormetazepam para manejo de trastorno de ansiedad generalizada e insomnio.

Otro error frecuente en la prescripción es el uso de inhibidores de la bomba de protones (omeprazol, rabeprazol…) sin lesión ulcerosa gástrica subyacente.

En cuanto a la prescripción subóptima, destaca la escasa prescripción de calcio y vitamina D en pacientes con osteoporosis (antecedentes de fractura de cadera, aplastamientos vertebrales, etcétera), la no indicación de ácido acetilsalicílico en el caso de diabetes mellitus con otro factor de riesgo vascular o el inicio de un tratamiento anticoagulante si se evidencia una fibrilación auricular crónica en el corazón.

Optimización de la prescripción

Teniendo en cuenta estos aspectos es aconsejable que las personas mayores realicen una Valoración Geriátrica Integral, orientada a mejorar nuestro rendimiento diagnóstico así como el tratamiento en curso. Así, se pueden minimizar los efectos secundarios de los fármacos y mejorar su calidad de vida a través de la disminución de la prevalencia de los síndromes geriátricos más frecuentemente relacionados con una inadecuada prescripción: caídas de repetición, desnutrición, deshidratación, fragilidad, deterioro cognitivo y otros.

Un artículo de la Dra. Naiara Fernández